Volcán Domuyo
Cumbre de la Patagonia - Por Leo Mc. Lean (Organización Alto Rumbo)
Comentarios de Federico Camerlinckx y Miguel Reca

    Paralelo a la Cordillera de Los Andes, al norte de la provincia de Neuquén, se extiende un macizo de 80 kms de longitud, conocido con el nombre de la Cordillera del Viento, dado que es allí el lugar donde se encuentra el mayor gradiente de vientos de la Cordillera de los Andes. En su extremo norte, ya casi en la frontera con la provincia de Mendoza, se alza su punto más alto, el techo de la Patagonia, el “Volcán Domuyo”, en la lengua de sus habitantes nativos, los Mapuches, “el que tiembla y rezonga”… 

   Armamos una pequeña expedición para intentar su ascenso al estilo alpino… procurar partir de la base y retornar a ella en solo 48 horas. Un desnivel importante, ganar rápidamente altura, hacer cumbre y bajar lo antes posible para no caer en sus efectos y desgaste. Un proyecto que venía conversando desde hace un tiempo con mi gran amigo y guía Pablo Boticelli, buen conocedor de estas zonas de los Andes Patagónicos. Se nos unieron a la expedición un par de amigos, Fede y Miguel. Miguel ya había tenido experiencias en grandes montañas, entre ellas el Aconcagua y el Maípo. En cambio Fede tan solo me había acompañado, en una de mis tantas idas, a uno de mis pasatiempos preferidos, ir al Champaqui, siempre por nueva ruta, siempre por distinto reto…. 

  La llegada a la base del Domuyo no es un tema fácil, el volcán se encuentra bien al norte de la provincia de Neuquén, a unos 500 kms de su ciudad capital, el último trayecto, al oeste de la ruta 40, se realiza por un camino de ripio que “termina” en Varvarco, un pequeño y simpático pueblito de montaña… Allí hicimos noche… gratos recuerdos… gracias a La Catalana, quien nos obsequio con una riquísima comida de bienvenida…. De Varvarco se continua rumbo norte por un mejorado… de a momentos, un gran empedrado… todo en medio de un maravilloso paisaje, naturaleza que explaya su costado más agresivo e impresionante… bordeando barrancos y precipicios, corren encajonados los bravos ríos cordilleranos…. De tanto en tanto vadeos y cruces por destartalados puentecitos de madera… Por ahí… Fuimos yendo… A la base del Domuyo. Para nuestra ascensión la ruta planeada es la conocida como ruta normal, la cara sureste del volcán. Comenzamos nuestro ascenso a media tarde, ya que debimos esperar a que se calmara una inclemente tormenta de viento, granizo, e interminables oleadas de finas nevadas. 

   Gran parte de nuestro equipo la porteamos hacia el primer campamento, en mulas de los lugareños de la zona. Nuestros primeros pasos, aun en medio de la tormenta, los daríamos con carga ligera, así no demoremos demasiado en esta primer parte del ascenso… Nos tomo cerca de 3 horas recorrer los casi 13 kms que bordean el río Covunco, aguas arriba, por el encañonado del río, que otrora sería el cauce de los glaciares que aun hoy penden de las altas cumbres del Domuyo. Nuestro destino, la pequeña laguna verde, a los 3000mts, donde ya estaba montado el campamento. Esto gracias a la muy eficiente colaboración Tomy, Vale y …., equipo de avanzada de Lanín Expediciones, empresa que lidera Pablo. A medida que ascendíamos íbamos procurando cumplir con la regla de oro de una buena aclimatación: hidratarnos. Que importante es ayudar al cuerpo a mantener el balance hídrico, a la formación de glóbulos rojos, responsables del transporte del cada vez más carente oxigeno y a su vez conservar la fluidez de la sangre, que de a poco comienza a tomar más y más viscosidad debido a la mayor concentración de estos glóbulos.

  A nuestro arribo al campamento el clima había comenzado a mejorar. Aun persistía un fuerte y arrachado viento, el frío era extremo, las nubes parecían tomar más y más velocidad, comenzando a disiparse rápidamente… De a poco el cielo fue despejándose, de a poco también, fue dando el nacimiento de una nueva noche cordillerana… cuanta luminosidad emanada por el centelleo de los millones y millones de puntillos blancos formados por las distintas constelaciones de estrellas… que maravilla encontrarnos bajo este techo, un Paraíso en que se siente estar cada vez mas cerca del paseo de Su Divinidad…. Dejamos nuestros equipos en las carpas y nos lanzamos a devorar una reconfortante y merecida picada. Pablo conocedor de nuestra debilidad por las cervezas, había hecho subir un par de las exquisitas Patagónicas, que luego de recorrer el frío ascenso en tachos cargados por las mulas, se encontraban heladas, con una temperatura casi, casi perfecta…. Que festín, con la luz de nuestras linternas frontales, dimos cuenta a uno de los manjares más ricos que la montaña nos podía dar en esos momentos. Ya de noche, nos fuimos a acostar en medio de un intenso y helado vendaval. Los vientos descendentes hacían vibrar estruendosamente nuestras carpas…. la experiencias vividas me ayudan a dejar de lado estas situaciones y a meterme cada vez más dentro de mi sueño…. como siempre son momentos de soledad, de planteos, los pensamientos van y vienen velozmente… Solo consigo reconfortarme con el rezo de los Padrenuestros, las Avemarías, los Rosarios y con ellos una hermosa Romería, de a poco voy cayendo en la oscuridad de un buen sueño, reparador de energías.

   La mañana nos despertó con un cielo azul intenso, sin una nube, la temperatura de mi reloj marcaban los menos 6 grados a las 7,30hs, la sensación térmica debería ser bastante menor debido al helado e intenso viento. Luego de un potente desayuno, nos reequipamos y dimos marcha, sin ningún apuro, a nuestro siguiente campamento. Ahora debíamos recorrer un largo acarreo para ganar unos 800mts de altura. Nuestro Camp II está ubicado por encima de los 3.800mts, detrás de unas grandes piedras, en procura de proteger nuestras carpas de los fuertes vientos que ya abundan a esas alturas…. En las alturas de la Cordillera del Viento… El trayecto fue liviano, la pendiente suave, nada nos hacía tener prisa. El radiante sol calentaba nuestros cuerpos aun entumecidos por el frío de la noche anterior. Procuramos ascender por la ladera que tuviese menos viento. A la cabeza iba Pablo, en el medio Fede, Miguel, yo cerraba iba cerrando la fila. Iba preocupado viendo como venía Fede, para él esta era su primer experiencia en altura… no me gustaba su marcha, había arrancado la mañana con un fuerte dolor de cabeza, eso lo tenía un poquito torpe y lento en sus movimientos.  Avanzamos unas cuatro horas, despacio, de tanto en tanto parábamos a hidratarnos y recuperar energías gracias a un turrón, una barrita de cereales, y ya llegando al campamento unos buenos sándwiches.

   Temprano aun, con un sol a pleno, con intensas ráfagas de helados vientos, llegamos al Camp II. Son cerca de las dos de la tarde. Ahora tenemos todo el tiempo para descansar, aclimatar y buscar energías para la próxima arremetida… La Cumbre.A esta altura ya se comienza a tener vistas imponentes, por el oeste, los nevados picos de los volcanes chilenos, al sur, el interesante volcán Tromen. La claridad de la atmósfera, luego de los pasados días de tormenta, permitían que nuestra vista se extendiera hasta allá, hasta el más allá… 

   Abrigados por el frío, nos recostamos un rato. A los 4.000mts la presión atmosférica se encuentra cercana a los 650 hpa, la concentración de oxígeno en el aire es bien diferente a nuestro hábitat normal, y eso tan sólo 24 horas antes. Estos efectos se sienten y mucho, hay que tener la precaución de respirar profundo, sin caer en la hiperventilación del acelerado ritmo respiratorio…. De tanto en tanto hay que exhalar con fuerza, reteniendo la respiración en la boca, esto permite un buen intercambio del escaso oxígeno por el abundante anhídrido carbónico, que pareciera estar enquistado en nuestros pulmones. Luego de este reparador descanso nos pusimos a tomar unos mates… la tarde venía pasando… Al rato vemos que se levanta Fede, ahora con mal aspecto, tenía la cara hinchada, sentía un muy fuerte dolor de cabeza… Seguramente el haber dormido un buen rato sin hidratarse, con frío, bajando considerablemente su ritmo respiratorio en el descanso, hicieron que haya mermado mucho la saturación del oxígeno en su sangre y esto le está causando estas agudas molestias…


Volcán Domuyo (4.709 mts.) Cumbre: Marzo 2007

La primera etapa, fue bastante liviana y más suave de lo que me imaginaba, por suerte! Me sentía bien, estaba bien físicamente (rodilla operada por el maldito rugby…) y bien de aire (deje de fumar hace 7 meses), pero después de la primera noche un terrible dolor de garganta, una angina que venía pateando de hacia un par de días comenzó a hacer sentirse fuertemente…En ese momento empezó y no dejo de dolerme hasta el Domingo por la tarde. Leo y Miguel venían aconsejándome el tema de la hidratación, algo fundamental para la aclimatación. La caminata al campamento 2 ya comencé con bastantes dolores de cabeza, con una fuerte contractura y con muy pocas ganas de tomar agua, ya que la garganta se me partía cuando tomaba (además de que el agua es helada allá arriba). Le puse mucho corazón para llegar. Ya en el Camp II, a lo único que pude atinar es a meterme en la carpa a dormir, esperando que se me pase ese maldito dolor de cabeza. No fue así, es mas, fue totalmente lo contrario, por que me desperté con un tremendo dolor de garganta y peor aun la cabeza…
Ya en ese momento sabía que no podía seguir…aun recibiendo los mejores mensajes de aliento de mi nuevo amigo y compañero de carpa, Miguel, me metí en la bolsa de dormir hasta el día siguiente, esperando que Leo y Miguel bajen. Temprano, ya en el campamento 1 me recupere… cosa que termine cuando llegamos esa tarde a la base.
Volveré a intentarlo…SI… pero en este viaje aprendí que no se puede dar ni una pizca de ventaja en la montaña….Hay que estar muy buen físicamente y el tema mental es casi mas importante!!
(Palabras de Federico)

   Por nuestra parte seguimos con los mates y la no muy grata tarea de derretir nieve. Fuimos dejando pasar el tiempo, en medio de esta maravillosa naturaleza, nada nos urgía, solo debíamos esperar las primeras horas del día siguiente en procura de nuestro zarpazo a la cumbre. A Dios gracias, el tiempo seguía mejorando, un lindo atardecer nos anticipaba una buena jornada, Dios quiera que sea así. Ya sobre media tarde preparamos unos fideos, tardaron un poco en cocinarse, no era fácil hacer hervir el agua… pero ni bien estuvieron, casi listos, los devoramos con buenas ganas…. ahora un te bajativo y a meterse a las bolsas de dormir… el cuerpo tiene que seguir con el proceso de aclimatación, la subida va a ser brava, deberemos ganar cerca de 900 metros, hay que contar con buenas energías y con el animo bien alto.

  Con mayor intensidad que la noche anterior, el intenso y arrachado viento sacudían nuestras carpas. Era temprano aun, costaba conciliar el sueño, de a poquito y a través de mis habituales rezos, fui quedando inmerso en los sueños… pero quede profundamente dormido, por lo que recuerdo antes de la caída del sol… Ehí… sonó la alarma despertador, son las tres de la mañana…  Sin apuro, pero con meticulosidad, comenzamos a equiparnos… Calzoncillo largo de fibra poliéster, pantalón, cubre pantalón impermeable para prevenir el fuerte y helado viento, las capas superiores, una, dos, tres, cuatro, cinco, la campera de gore, un buen gorro para la cabeza, los guantes, los mitones, los cubremitones…. ah las medias, las botas y a mano los grampones…. Para esta montaña donde debíamos tan solo cruzar unos pocos neveros lleve mis botas de cuero Scarpa, son muy buenas y abrigadas, y bastante más livianas que las dobles. La mochila, cargada de agua y algunos energizantes. Ya todo listo… Después de tomar algo caliente y procurar llenar el cuerpo con la mayor cantidad de líquidos posibles, arrancamos pasaditas las cuatro nuestro ascenso…. Fede se quedo en su carpa, parecía que la noche no había hecho otra cosa que profundizar los efectos de su mal de altura… Que feo que es ver un compañero atravesar estos momento, tan solo un descenso con las primeras luces del día podrían ayudar a su reestablecimiento.

   La marcha inicial siempre es lenta, el frío, el viento, la pendiente, hay que ir calentando el cuerpo, se tarda un tiempo en coordinar el ritmo respiratorio con los pasos que vamos dando. En esos momentos un cambio de pendiente, trepar un simple obstáculo, hacen que perdamos esta concentración y ese pequeño pero brusco cambio respiratorio nos provoca un sofocón. El tramo inicial, un desnivel de unos 200 mts, lo recorrimos por un suave acarreo hasta llegar a un pequeño coll…. lugar de encuentro de dos pendientes… allí era muy fuerte el castigo de intensas ráfagas de un helado y punzante viento…. Luego me contaron que ese fue el lugar donde un par de años atrás fallecieron dos jóvenes a causa del helado frío nocturno… algo que parece raro… montar las carpas en ese lugar donde pareciera una ventana abierta al paso de los vientos. 

   A unos metros de allí, atrás de unas grandes rocas que nos protegían de la inclemencia, hicimos nuestra primer parada… eran cerca de las cinco y media… nuestras cantimploras estaban peligrosamente congeladas, solo había en ellas poca agua en estado líquido, el resto hielo, y esto no es bueno cuando debemos contar son mucho líquido para mantener una buena hidratación. Así que a partir de este momento deberíamos poner mayor cuidado en protegerlas del helado frío de esta mañana que parecía venir muy linda. Nos pusimos los grampones, ahora el panorama cambiaba, nuestro ascenso continuaba por un gran y empinado ventisquero, lo atravesamos no sin dificultad en un par de zigzageos… duros e irregulares penitentes, placas de resbaladizo hielo… hacían que nuestra marcha sea dificultosa y de a momentos interesantemente peligrosa.  Marchábamos juntos, pegados, de a ratos, cada hora, hora y media, parábamos un rato… nos hidratábamos bien y cada uno comía algo para reponer las energías que nos demandaba la subida y el intenso frío que cada vez más se sentía a medida que ascendíamos y la noche iba dando lugar al nuevo día.

  La última parte del camino fue una larga y empinada ascensión por un pedregoso y resbaladizo filo…. Por momentos me hizo acordar a la tan temida Canaleta del Aconcagua… a cada paso que dábamos teníamos un pequeño resbalón, no hay forma de no ir para atrás… me siento sumamente indefenso, estos vanos esfuerzos por avanzar van pegando fuertemente en nuestro empobrecido ánimo… momentos que uno desearía estar en cualquier lugar, menos acá…. Pero vamos avanzando, el sol ya comienza a clarear nuestro rumbo… que lindo amanecer… un cielo intenso… una increíble línea naranja oscuro, el alba, un inmenso horizonte… causan mágicos reflejos en los glaciares que nos rodean… chispazos… momentos… únicos… solo vividos en estos paraísos…. Un descanso más, enseguida el último empujón, una fuerte arremetida para alcanzar la antecima… una media hora más… vamos que estamos… vamos Miguel… vamos Pablito… ya estamos…. Buscamos en nosotros fuerzas que parecieran no estar… de ahí que las buscamos en los demás… Pero ya estamos… Si ya estamos en la antecima… Un gran playón… una inmensa cancha de fútbol helada… y allá tras un acarreo marcado por un sendero de nieve se ve la cima… Vamos, vamos por ella….

   Sin mochilas, despacito, paso a paso nos dispusimos a ir por la cruz, la cruz de la cima… Ya estamos, gracias Dios mío, valió la pena… Fuerte alegría, llegar luego de este gran esfuerzo… Como saltan uno a uno los recuerdos de los pasos que nos trajeron hasta acá… Una emotiva película que se repite una y otra vez en cada una de estas increíbles cumbres…

…. Hoy la del Domuyo, el techo de la Patagonia… Increíbles vistas, todo lo que nos rodea se ve a nuestros píes, picos por allí, picos más allá, la cadena de fuego del lado chileno, otros volcanes del nuestro… todo bajo un intenso y maravillosos cielo… Gracias Dios mío por darme una nueva oportunidad de estar aquí… de permitirme estar tan cerca de Ti…

… Nos abrazamos… emocionados, contentos… cada uno disfruta su procesión…

Luego de unos días Miguel me envió estas líneas que quisiera que podamos compartir:

Las sensaciones que he vivido al llegar a una cumbre, son tan profundas como la dificultad que tengo para poder contarlas.
No se cual es la razón lógica o racional que explique lo que uno siente en esos momentos, pero recuerdo que al llegar a la cumbre del Domuyo, y al igual que en otras cumbres, se apoderó de mi una profunda emoción que me hizo llorar a moco tendido…. como cuando era un chico. Todo el camino desde la “cancha de fútbol” de la antecima, hasta el abrazo interminable en la cumbre -con aquellos que supones son los únicos que pueden entender lo que te pasa- fueron de un llanto placentero, infantil, genuino, solitario, que brotaba desde lo más profundo de mi ser. No me pregunto cual es la causa de esas sensaciones, solo disfruto de una particular manera de sentir que solo se vive ahí……. en esos instantes y que no tiene comparación con ningún otro momento.
El amor es la energía que todos necesitamos para lograr cualquier meta, y si no te habías dado cuenta antes, lo descubrís cuando estás sumergido en esa especie de “trance” en el que te envuelven los últimos minutos hacia la cumbre. Mientras lloraba deseaba con todo mi corazón abrazar a Celia, mi esposa, y a mi hijo Patricio de 4 años, ellos me tendían una mano desde arriba, yo quería compartir la inmensidad de ese momento con ellos.
Subo las montañas porque algo mágico pasa conmigo allá arriba, algo para lo que nunca encontré una explicación pero que me genera una energía especial.
Cada cumbre es especial, el Domuyo me dejó marcado para siempre momentos muy intensos que nunca podré olvidar, sentí una fuerte conexión con la naturaleza bellísima en 360º, con mis compañeros y con mi interior. 


   Si la cumbre es muy linda, es muy linda su conquistarla, pero difícil permanecer en ella. El intenso frío, los fuertes vientos, el cansancio, la emoción del auto superación, las ganas de estar en esos momentos con nuestros seres queridos… nos indican que es momento del descenso…  Nuestra misión ahora es bajar con cuidado, lo más rápido posible, recoger nuestras cosas en el campamento donde pasamos la última noche y luego bajar al primer campamento donde ya está Fede. Por radio nos enteramos que se encontraba en mejor estado al descender de un campamento al otro. Nos llevo un par de horas… Cansados, íbamos bajando lo rápido que nos permitían nuestras agotadas piernas. A varios las rodillas nos marcaban las muchas batallas y años pasados… Nos mentimos… animo queda poco … pero no, no queda poco, es un largo camino, muchas horas, muchos kilómetros, con un gran peso en la espalda… pero con mayor satisfacción aun en el pecho…

  Serían cerca de las dos y media de la tarde cuando arribamos al Camp I, allí estaba Fede, mejor, mucho mejor, todavía con un fuerte dolor de cabeza… Luego de una rápida hidratación y acomodar los pesos de las mochilas nos pusimos nuevamente en marcha, por nuestro último trayecto, llegar a donde habíamos iniciado esta gran aventura tan solo unas pocas horas atrás. Fuimos bajando, muy rápido, saltando de roca en roca… cruzamos una infinidad de riachitos formados por los deshielos de las nevadas de los días anteriores… bordeamos el Covunco, el mismo camino que con gran trabajo habíamos pasado en medio del temporal… Nos llevo un par de horas recorrerlo… Ya estamos, con las piernas bien doloridas, pero llegamos, siempre se llega, no sin un gran sacrificio… Valió la pena… Con un fuerte abrazo, muy contentos nos reagrupamos… Lo hemos conseguido…

Cumbre del Gran Domuyo en estas largas e intensas… pero realmente pocas… 48 horas

 

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La imponencia del Domuyo

Río Encajonado

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Caserio al Borde del Río

Preparando el porteo

Nubes de Tormenta

Pasó la tormenta, listos para caminar

Inicio de la Marcha

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Camp I al amanecer

Camp I

Amanecer en el Camp I

Tormenta en la Cima

Inicio marcha al Camp II

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Descanso rumbo al Camp II

Volcán Tromen - Vista desde el Camp II

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Volcán Tromen

Vista desde Camp II

Camp II

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Camp II

Derritiendo Nieve -  Camp II

Amanecer camino a la Cumbre

Antes de la Antecima

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La cumbre ahí nomás

Acarreo desde la Antecima

Vistas desde la Cumbre

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Belleza Incomparable

Volcanes Chilenos

Cruz de la Cumbre

Leo en la Cumbre

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Miguel llega a la Cumbre

Miguel en la Cumbre

Leo, Tomy, Pablo y Miguel

Llamando a casa

Glaciares

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Glaciares

Neveros

Bajando con nieve honda

Alto en el último tramo

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